Vicky Calavia

Quería fotografiar a Vicky con luz natural, algo que resulta difícil con las personas que se dedican al cine. Hoy he tenido una oportunidad. Un minuto antes de entrar a la sala de proyecciones del Centro de Historias para ver "Por qué escribo", película de la que es directora y guionista con Gaizka Urresti, le interrumpí su café para hacerle este retrato improvisado. Me alegro de haberlo hecho.

http://vimeo.com/vickycalavia

http://vickycalavia.wordpress.com

Una fotografía no es Arte Casual

Me gustó este momento de luz y me pregunté si podría ser Arte Casual. Nada mejor para resolverme la duda que preguntarle al padre de este concepto: Francisco Ferrer Lerín. He aquí su respuesta:

"Interesante imagen. ¿Qué es exactamente? Ya sabes que una de las condiciones para que sea A.C. es que no tenga intencionalidad artística. Si se trata de un toldo, parasol o cualquier tipo de protección podría ser A.C. siempre y cuando no sea tu pericia fotográfica la que ha conseguido el impacto visual."

Para su análisis le envié una fotografía con una toma más abierta en la que se veía que sí, que la imagen correspondía a un toldo que cubría una valla de estructura metálica que formaba parte del cerramiento de una obra, concretamente la que vemos en el post anterior titulado Grises.

"Claro, me lo temía. Por lo que me cuentas el impacto visual es fruto de tu fotografía; el objeto no es Arte Casual, que es lo que cuenta; una fotografía nunca es Arte Casual." FRANCISCO FERRER LERÍN

https://www.facebook.com/pages/Arte-Casual/1376732909235292

Para ver esta fotografía en color, haced clic aquí:

http://my.opera.com/Miscromos/blog/2013/10/27/no-es-casual

Grises

El blanco y negro puede tener dos colores o infinitos.

Librería Cálamo cumple 30

Cálamo, la librería de Paco y Ana, cumple treinta años. ¿Te acuerdas de cuando tomábamos allí domingos a la hora del vermú? ¡Cuantas páginas han pasado! Y aquí estamos, sin cura. Adictos al libro.

Llenazo en el Teatro de la Estación.

Bienes mostrencos 71

Tan pequeñito, tan pequeñito, que si no me ladra ni lo veo. No le pongo nombre, ni me quiero encariñar, no sea que aparezca su dueño y lo reclame. Esperaremos lo que manda la ley y ya veremos (joder, ¡tres i griegas seguidas!).