Todo se puede resolver

Sobrón, 1955. Llevo una camisa de manga corta. Mi mamá dice que es un “mambo”. El diccionario no recoge esa acepción pero sí que encuentro el término en algún catálogo de fabricante de confección. El de la foto era de color amarillo y sobre él una estampación de un cómic de estilo Disney. El lema, sobreimpreso, “Todo se puede resolver”. A todo el mundo le llama la atención y me leen en voz alta. ¡Todo se puede resolver! Yo no le encuentro la gracia. Un verano después, he crecido poco, el “mambo” aún me vale. Con él visito el Observatorio del EbroRoquetas/Tortosa. Allí, al padre Antonio Romañá, SJ.. también le hace gracia la frase y me recalca: “no olvides nunca que TODO SE PUEDE RESOLVER”. El hombre parece respetable, pero, a mí, la oración me sobrepasa: ¡Todo es mucho para mí”. Me conformaría con menos. Sigo pensando lo mismo 63 años después.

Vicente en Sobrón 1955