Shedding skin

Shedding skin, último álbum de Ghostpoet. En el corte del mismo título, colabora Melanie de Biasio. En la curva, sobre el asfalto, alguien ha abandonado la camisa. Detengo el coche a unos metros, en el área de descanso. Regreso a la curva. Como es una curva peligrosa, recojo el escamado bien con un palo. En el transporte se me rompe, no el palo, la piel de la serpiente y, aunque me da asco, lo cojo con la mano y lo poso encima de una tocona. Lo miro. La miro. Lo mido. La mido. Tres palmos. Me pregunto inquieto, ¿dónde estará el dueño?, ¿dónde estará la dueña?

https://www.youtube.com/watch?v=XRZ9FSO8Isc

Dedicada, dedicado, a nuestros primeros padres.

Fuera de serie

Colectivo rasga y pega, de vacaciones, olvida el pegamento y guarda las energías del rasgar en navegar por los mares de cuché. En estas, encuentra unas aves y una nave y las funde con la mínima violencia en una pieza que se equilibra por el mástil. Trabajo mínimo. Ocio máximo. Son páginas de hoy, de Fuera de serie. 

El magazine Fuera de serie entrevista a Guillermo Solana, director del Museo Thyssen. Selecciona como favorito "El Martha McKeen de Wellflee", del pintor Edward Hopper. En el cuadro, un balandro bordea una minúscula isla llena de gaviotas. Hacia ellas vuela la gaviota de la doble página que la revista dedica a 20 magníficos pájaros de España.

Helio y flúor

Conjunción azarosa de elementos, desenfoque y reflejos sobre una imagen de mujer con gafas de sol, heliograbado de un original de mi admirado Alberto García Álix.

Foto de foto de (heliograbado) de Alberto García Álix, S/T, Museo del Grabado, Fuendetodos.

La hora del gallo

"Nada le turbaba, salvo el recuerdo de lo que había sucedido y un abyecto espanto a que aquello pudiera volver.
Gallo canente, spes redit,
Aegris salus refunditur,
Lapsis fides revertitur,

como cantaban antiguamente en Portugal en el oficio de la mañana. Pero para él, aquella hora del canto del gallo y de los cambios de la aurora habían traído consigo el pánico y la duda perpetua, y un terror tal que cuando pensaba en ello se echaba de nuevo a temblar. No se atrevió a volver a su morada; no podía comer; se sentó, se levantó, anduvo de un lado para otro...
La ciudad se despertó ante él con su animado barullo y el sol trepó hasta lo más alto, pero él continuaba sumido en el malestar -cada vez más profundo- que le provocaba el recuerdo del miedo que había sentido.
A la hora indicada llegó a las puertas del lugar donde había de examinarse, pero cuando le preguntaron su nombre lo había olvidado. Al verle tan trastornado no tuvieron el valor de echarle: le admitieron, sin nombre, y pasó al Salón. De nada sirvieron ni la amabilidad ni los esfuerzos. Lo único que pudo hacer fue quedarse allí sentado, sintiendo cómo aumentaba su pánico, sin escribir nada, ignorándolo todo, con la mente invadida por un único recuerdo: el día que despunta, y el pánico insoportable. Y aquella misma noche cayó enfermo: tenía fiebre cerebral."

Fragmento de "Vivir", textos personales de Robert Louis Stevenson que, en forma de libro, Páginas de Espuma presentará en septiembre.

Gallo canénte.jpg


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