Acércate más

Mi primer viaje azaroso sucedió a mis diez años. Pablo y yo jugábamos al taco a la salida del instituto de Ailanthus Z, con tanta pasión, que un día aparecimos en La Cartuja, un lugar donde nunca habíamos estado. En aquellos días, año 1959, no había móviles. Ni siquiera teníamos en casa teléfono fijo. Tampoco llevábamos reloj. Teníamos el de la primera comunión pero solo para los domingos. Sabíamos que era muy tarde porque teníamos mucha hambre. Preguntando se va a Roma. El viaje de regreso fue un acto consciente. Estábamos muy atentos a todo lo que sucedía en nuestro entorno y nos dimos cuenta, por primera vez, de que no todas las calles son iguales, ni todas las farolas, ni todas las casas. Descubrimos el viaje. Disfrutamos de la aventura. Pasamos miedo y lo pasamos bien. Sigo practicando el viaje azaroso, a veces, sin salir de casa. Hoy he jugado con el atlas como si consultase el I Ching y he llegado hasta Columbus. Allí una voz me ha sugerido: “acércate más”.

Indiana
Columbus